Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces GUARDIA PRIMERO.— (Aparte.) Alguna traición, maeses. No os mováis aún.
BORACHIO.— Has de saber, pues, que he obtenido mil ducados de don Juan.
CONRADO.— ¿Es posible que infamia alguna se venda tan cara?
BORACHIO.— Mejor harÃas en preguntar si es posible que infame alguno sea tan rico; pero cuando los infames ricos tienen necesidad de los infames pobres, los pobres pueden reclamar el precio que quieran.
CONRADO.— Me asombro de ello.
BORACHIO.— Eso muestra que no estás iniciado. Ya sabes que la moda de una ropilla, de un sombrero o de una capa nada hacen al hombre.
CONRADO.— SÃ, componen su traje.
BORACHIO.— Me refiero a la moda.
CONRADO.— En efecto, la moda es la moda.
BORACHIO.— ¡Quita allá! Eso es tanto como decir que un necio es un necio. Pero ¿no ves la moda, qué pÃcaro deforme es?
GUARDIA PRIMERO.— (Aparte.) Conozco a ese Deforme, un pÃcaro ladrón que merodea por ahà hace siete años, y va vestido de caballero. Recuerdo su nombre.
BORACHIO.— ¿No has oÃdo a alguien?
CONRADO.— No, era la veleta de esa casa.