Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces MARGARITA.— ¡Doncella y constipada! ¿No será que habéis cogido un frÃo de castidad?
BEATRIZ.— ¡Oh, venga Dios en mi ayuda! ¡Venga Dios en mi ayuda! ¿Desde cuándo tan chistosa?
MARGARITA.— Desde que vos habéis dejado de serlo. ¿No me sienta admirablemente el donaire?
BEATRIZ.— No se nota lo suficiente; debierais llevarlo en el tocado. Por mi fe, que estoy enferma.
MARGARITA.— Tomad un poco de carduus benedictus destilado y aplicáoslo al corazón. Es el único calmante para un desfallecimiento.
HERO.— Advierte que eso es pincharla con un cardo.
BEATRIZ.— ¡Benedictus! ¿Por qué benedictus? ¿Veis algún sentido en ese benedictus?