Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces DOGBERRY.— Favor que nos hace vuestra señorÃa; pero somos humildes funcionarios del duque. A decir verdad, por mi parte, aun cuando fuera tan «fatidioso» como un rey, mi corazón emplearÃa todo su fastidio en servicio de vuestra señorÃa.
LEONATO.— ¡Todo tu fastidio en mi favor! ¡Ja!
DOGBERRY.— SÃ, aunque fuera mil veces más pesado de lo que es, pues he oÃdo tan buen «reproche» de vuestra señorÃa, como de cualquiera de la ciudad; y aunque no soy más que un pobre hombre, me alegro de haberlo oÃdo.
VERGES.— Y yo también.
LEONATO.— Quisiera saber, a lo menos, lo que tenéis que decirme.
VERGES.— Es el caso, señor, que esta noche nuestra ronda, con la excepción presente de vuestra señorÃa, ha echado el guante a un par de bellacos tan pÃcaros como los que más en Mesina.