Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces Otro aposento en la casa de Leonato.
Entra LEONATO con DOGBERRY y VERGES.
LEONATO.— ¿Qué queréis de mÃ, honrado vecino?
DOGBERRY.— A fe, señor, quisiera haceros cierta confidencia que os atañe cercanamente.
LEONATO.— Sed breve, os ruego, pues ya veis que estoy muy ocupado.
DOGBERRY.— A fe que es asÃ, señor.
VERGES.— Sà que lo estáis, señor.
LEONATO.— Veamos, ¿de qué se trata, mis queridos amigos?
DOGBERRY.— El buen Verges, señor, se aparta un poco del asunto: está viejo, señor, y su caletre no es tan «romo» como, Dios mediante, quisiera yo que fuese. Pero a fe que es honrado como el cuero que tiene entre las cejas.
VERGES.— En efecto, gracias a Dios, soy tan honrado como el que más que sea tan viejo como yo y no más honrado.
DOGBERRY.— Las comparaciones son «olorosas»; palabras, vecino Verges.
LEONATO.— Vecinos, sois fastidiosos.
