Otelo
Otelo YAGO
Me alegro, pues ahora ya puedo
mostraros mi afecto y lealtad
con más franqueza. Así que, como es mi deber,
os diré algo. Pruebas aún no tengo.
Vigilad a vuestra esposa; observadla con Casio.
Los ojos así[23]: ni celosos, ni crédulos.
Que no engañen a vuestro noble y generoso
corazón en su propia bondad; conque, atento.
Conozco muy bien el carácter de mi tierra[24]:
las mujeres de Venecia enseñan a Dios
los vicios que ocultarían a sus maridos.
Su conciencia no las lleva a reprimirse,
sino a encubrirlos.
OTELO
¿Lo dices en serio?
YAGO
Engañó a su padre al casarse con vos;
y, cuando parecía temblar y temer
vuestro semblante, es cuando más os quería.
OTELO
Es verdad.
YAGO
Pues, eso. Si tan joven ya sabía
sacar esa apariencia, dejando a su padre
tan ciego que creía que era magia…
He hecho muy mal. Os pido humildemente