Otelo
Otelo ¡Llamar nuestras a tan gratas criaturas
y no a sus apetencias! Prefiero ser sapo
y vivir de los miasmas de un calabozo
que dejar un rincón de mi ser más querido
para uso de otros. Mas es la cruz del grande,
pues el humilde es más privilegiado.
Como la muerte, es destino inevitable:
la suerte del cornudo ya está echada
desde el momento en que nace. Aquà viene ella.
Entran DESDÉMONA y EMILIA.
Si me engaña, el cielo se rÃe de sà mismo.
No pienso creerlo.
DESDÉMONA
¿Qué ocurre, querido Otelo?
La cena y los nobles de la isla
que has invitado aguardan tu presencia.
OTELO
La culpa es mÃa.
DESDÉMONA
¿Por qué hablas tan bajo? ¿No estás bien?
OTELO
Me duele la cabeza, aquÃ, en la frente.
DESDÉMONA
Eso es de tanto velar. Se te quitará.
Deja que te ate un pañuelo. Antes de una hora
ya estará bien.
OTELO