Otelo
Otelo de mi padre, cuyo ánimo iría en pos
de otros amores. Al morir me lo dio,
y me pidió que lo entregara a quien la suerte
me diera por esposa. Así lo hice.
Tenlo en cuenta y quiérelo como a tus ojos.
Perderlo o regalarlo acarrearía
una ruina incomparable.
DESDÉMONA
¿Es posible?
OTELO
No miento. Es la magia del tejido.
Una sibila, que en el mundo había contado
el giro del sol doscientas veces,
cosió su bordado en profético furor;
hicieron la seda gusanos sagrados
y se tiñó en caromomia, que los sabios
prepararon con corazones de vírgenes.
DESDÉMONA
Pero, ¿es cierto?
OTELO
Cierto y verdadero, luego cuídalo bien.
DESDÉMONA
Entonces, ¡ojalá no lo hubiera visto nunca!
OTELO
¿Eh? ¿Por qué?
DESDÉMONA
¿Cómo es que hablas tan violento y excitado?