Otelo
Otelo DESDÉMONA
No te entiendo. Vamos, tu promesa.
OTELO
¿Qué promesa, mi bien?
DESDÉMONA
He hecho llamar a Casio para que te vea.
OTELO
Me aqueja un penoso catarro.
Déjame el pañuelo.
DESDÉMONA
Toma.
OTELO
El que te regalé.
DESDÉMONA
No lo llevo.
OTELO
¿No?
DESDÉMONA
No, de verdad.
OTELO
Mal hecho. Ese pañuelo se lo dio
a mi madre una egipcia: una maga
que casi leía el pensamiento.
Le dijo que, mientras lo tuviera,
sería muy querida y rendiría a mi padre
enteramente a su amor; mas que, si lo perdía
o regalaba, sería odiosa a los ojos