Otelo
Otelo YAGO
No hay otro remedio: debe hacerlo ella.
¡Mirad qué suerte! Id a rogarle.
DESDÉMONA
¿Qué hay, buen Casio? ¿Alguna noticia?
CASIO
Mi ruego, señora. Os suplico
que, por vuestra favorable mediación,
yo pueda volver a existir y gozar
del afecto de aquel a quien, con toda
la entrega de mi alma, honro sin reservas.
No lo aplacéis. Si tan grave es mi delito
que ni acciones pasadas, penas presentes
o intención de servicios futuros
son rescate suficiente de su afecto,
el beneficio de saberlo solicito.
Así me envolveré en fingida complacencia,
resignado a seguir otro camino
al albur de la fortuna.
DESDÉMONA
¡Ah, noble Casio!
Mi defensa no encuentra consonancia:
mi esposo no es mi esposo, ni podría
conocerle si tuviera el semblante tan cambiado
como el ánimo. Por todos los santos os juro
que por vos he hecho lo imposible,
poniéndome al alcance de su enojo