Otelo
Otelo por hablarle con franqueza. Debéis esperar.
Lo que pueda, lo haré: más de lo que me atrevo
a hacer por mí misma. Que eso os baste.
YAGO
¿Enojado mi señor?
EMILIA
Salió hace un momento
y, desde luego, con gran excitación.
YAGO
¿Cómo puede enojarse? Yo he visto
cómo el cañón hacía saltar sus batallones
por el aire y, como un diablo, arrebataba
a su propio hermano de su lado. ¿Enojado?
Será algo grave. Voy a buscarle.
Algo ha de pasar si está enojado.
DESDÉMONA
Ve con él, te lo ruego.
Sale YAGO.
Le habrá enturbiado su espíritu limpio
algún asunto de Estado, quizá de Venecia,
o alguna conjura malograda, recién
descubierta aquí, en Chipre. En esos casos,
cuando les preocupan cosas de importancia,
los hombres discuten por una minucia.
Ocurre así. Cuando el dedo nos duele, parece
que transmite dolor a los miembros sanos.
No; no pensemos que los hombres son dioses,