Otelo
Otelo ni de ellos esperemos miramientos
como el día de las bodas. ¡Regáñame, Emilia!
Soy una torpe guerrera[31] y con el alma
acusaba de rigor a mi marido;
mas veo que he inducido a falso testimonio
y que le he acusado injustamente.
EMILIA
Dios quiera que sean asuntos de Estado,
como creéis, y no algún antojo o celos
caprichosos que os afecten.
DESDÉMONA
¡Cielo santo! Jamás le di motivo.
EMILIA
Sí, mas eso al celoso no le sirve.
El celoso no lo es por un motivo:
lo es porque lo es. Los celos son un monstruo
engendrado y nacido de sí mismo.
DESDÉMONA
Dios guarde de ese monstruo el alma de Otelo.
EMILIA
Así sea, señora.
DESDÉMONA
Voy a buscarle. Casio, quedad por aquí.
Si le veo bien dispuesto, le presentaré
vuestra súplica y haré lo imposible
por que acceda.
CASIO