Otelo
Otelo Muerta Desdémona y desenmascarado Yago, Otelo ya sabe que ha llegado al «último puerto de su viaje». Pero Shakespeare no lo concluirá sin subrayar definitivamente la transformación del héroe trágico. Ya antes (IV.i) Ludovico se había referido al cambio de Otelo tras presenciar la humillación pública inferida a Desdémona:
¿Es este el noble moro a quien todo el Senado
creía tan entero? ¿Es este el ánimo
al que no conmovía la emoción,
la firmeza que no roza ni traspasa
la flecha o el disparo del azar?
Y al final le dirá al protagonista: «¡Ah, Otelo! Antes tan noble, / caído en la trampa de un maldito infame». El propio Otelo había sido más contundente: «Aquí está el que fue Otelo».