Otelo
Otelo los amos podemos fielmente servir.
Ahà tienes al criado humilde y reverente,
prendado de su propio servilismo,
que, como el burro de la casa, solo vive
para el pienso; y de viejo, lo licencian.
¡Qué lo cuelguen por honrado! Otros,
revestidos de aparente sumisión,
por dentro solo cuidan de sà mismos
y, dando muestras de servicio a sus señores,
medran a su costa; hecha su jugada,
se sirven a sà mismos. En estos sà que hay alma,
y yo me cuento entre ellos.
Pues, tan verdad como que tú eres Rodrigo,
si yo fuera el moro, no habrÃa ningún Yago.
Sirviéndole a él, me sirvo a mà mismo.
Dios sabe que no actúo por afecto ni obediencia,
sino que aparento por mi propio interés.
Pues el dÃa en que mis actos manifiesten
la Ãndole y verdad de mi ánimo
en exterior correspondencia, ya verás
qué pronto llevo el corazón en la mano
para que piquen los bobos. Yo no soy el que soy[3].
RODRIGO
Si todo le sale bien,
¡vaya suerte la del Morros!
YAGO