Otelo
Otelo Llama al padre. Al moro despiértalo,
acósalo, envenena su placer, denúncialo
en las calles, irrita a los parientes de ella,
y, si vive en un mundo delicioso,
inféstalo de moscas; si grande es su dicha,
inventa ocasiones de amargársela
y dejarla deslucida.
RODRIGO
Aquí vive el padre. Voy a dar voces.
YAGO
Tú grita en un tono de miedo y horror,
como cuando, en el descuido de la noche,
estalla un incendio en ciudad populosa.
RODRIGO
¡Eh, Brabancio! ¡Signor Brabancio, eh!
YAGO
¡Despertad! ¡Eh, Brabancio! ¡Ladrones, ladrones!
¡Cuidad de vuestra casa, vuestra hija
y vuestras bolsas! ¡Ladrones, ladrones!
BRABANCIO [se asoma] a una ventana.
BRABANCIO
¿A qué se deben esos gritos de espanto?
¿Qué os trae aquí?
RODRIGO
Señor, ¿vuestra familia está en casa?
YAGO