Otelo
Otelo por haberos engañado.
BRABANCIO
¡Encended luces! ¡Traedme una vela!
¡Despertad a toda mi gente!
He soñado una desgracia como esta
y me angustia pensar que es real.
¡Luces! ¡Luces!
Sale.
YAGO
Adiós, te dejo. En mi puesto
no es prudente ni oportuno ser llamado
a declarar contra el moro y, si me quedo,
habré de hacerlo. Sé que el Estado,
aunque por esto le lea la cartilla,
no puede despedirle: le han confiado
con muy clara razón la guerra de Chipre,
que ya es inminente, pues, si quieren salvarse,
de su calibre no tienen a nadie
capaz de llevarla. Por todo lo cual,
aunque le odio como a las penas del infierno,
las necesidades del momento me obligan
a mostrar la enseña y bandera del afecto,
que no es sino apariencia. Si quieres encontrarle,
lleva la cuadrilla al Sagitario[5],
que allí estaré con él. Adiós.
Sale.
Entran BRABANCIO y criados con antorchas.