Otelo
Otelo BRABANCIO
La desgracia era cierta. No está,
y el resto de mi vida miserable
será una amargura.— Dime, Rodrigo,
¿dónde la has visto? — ¡Ah, desdichada! —
¿Dices que con el moro? — ¡Ser padre para esto! —
¿Cómo sabes que era ella? — ¡Quién lo iba a pensar! —
¿Qué te dijo? — ¡Más luces! ¡Despertad a toda
mi familia! — Y, ¿crees que se han casado?
RODRIGO
Yo creo que sÃ.
BRABANCIO
¡Santo Dios! ¿Cómo salió? ¡Ah, sangre traidora!
Padres, desde ahora no os fiéis del corazón
de vuestras hijas por meras apariencias.
¿No hay encantamientos que puedan corromper
a muchachas inocentes? Rodrigo,
¿tú has leÃdo algo de esto?
RODRIGO
SÃ, señor, lo he leÃdo.
BRABANCIO
¡Despertad a mi hermano! — ¡Ojalá fuera tuya! —