Otelo

Otelo

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En nuestro siglo la división de opiniones parece haberse centrado en el protagonista. Frente a los defensores del «noble moro», los detractores han adoptado una postura antiheroica y antisentimental: T. S. Eliot dudaba de la sinceridad de Otelo en su último parlamento, en el que, más que expresar la grandeza derrotada de un personaje noble pero equivocado, Otelo estaba dándose ánimos en una actitud egocéntrica y teatral, más estética que ética, y, sobre todo, escapista. En esta línea crítica, Leavis advertía en Otelo un hábito de complaciente dramatización de sí mismo y rechazaba la visión del protagonista como mera víctima de Yago. Según él, la cuestión no es tan sencilla. Si Yago logra tentar a Otelo es porque representa algo que hay en este: el «essential traitor» está dentro, y Yago no es más que un personaje accesorio y auxiliar.

Habría que preguntarse si la cuestión es tan sencilla. Desde luego, sería un error rechazar a Eliot y Leavis sin más: ambos plantearon nuevas e importantes cuestiones sobre OTELO y no se les puede negar ese mérito. Sin embargo, su perspicacia no les impidió ver con los ojos de Yago y ofrecer una visión de la obra tan limitada como la que pretendían contrarrestar. Huelga comentar lo evidente: cada época encuentra en Shakespeare lo que busca.

II


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