Otelo
Otelo Estabas condenado y tenías que embrujarla.
Lo someto al dictamen de los cuerdos:
si no la encadena la magia, no se entiende
que muchacha tan dulce, gentil y dichosa,
tan adversa al matrimonio que rehusó
a nuestros favoritos más ricos y galanos,
se exponga a la pública irrisión, abandonando
su tutela para caer en el pecho tiznado
de un ser como tú que asusta y repugna.
Que el mundo me juzgue si no es manifiesto
que lanzaste contra ella tus viles hechizos,
corrompiendo su tierna juventud
con pócimas y filtros que embotan los sentidos.
Haré que lo examinen: se puede probar,
es verosímil. Así que te detengo
por ser un corruptor, un oficiante
de artes clandestinas y proscritas.—
¡Prendedle! Si se resiste,
reducidle por la fuerza.
OTELO
¡Quietos todos, los de mi bando y el resto!
Si mi papel me exigiese pelear,
no habría necesitado apuntador.—
¿Dónde queréis que responda a vuestros cargos?
BRABANCIO
En la cárcel, hasta que seas llamado
cuando lo disponga la ley y la justicia.