Otelo
Otelo de nuestros corazones.
YAGO [aparte]
¡Qué bien entonados!
Mas yo seré quien destemple esa música[12],
honrado que es uno.
OTELO
Vamos al castillo.— Noticias, amigos:
terminó la guerra; los turcos se ahogaron.
¿Cómo están los viejos amigos de la isla? —
Amor, verás lo bien que te acogen;
yo siempre vi en Chipre cariño.
Vida mÃa, hablo sin orden
y desvarÃo de felicidad.— Anda, buen Yago,
ve al puerto y que descarguen mis cofres.
Trae al capitán a la ciudadela;
es un buen marino y digno
de toda atención.— Vamos, Desdémona,
¡qué dicha encontrarte aquà en Chipre!
Salen [todos menos YAGO y RODRIGO].
YAGO
[a un criado que sale] Nos vemos luego en el puerto. [A RODRIGO] Ven acá. Si eres hombre, pues dicen que el plebeyo tiene más nobleza cuando está enamorado, escúchame. Esta noche el teniente vigila en el puesto de guardia. Primero oye bien: Desdémona está enamorada de él.
RODRIGO