Otelo
Otelo ¿De él? Imposible.
YAGO
Tú punto en boca y deja que te explique. Fíjate con qué ímpetu se prendó del moro, solo porque se gloriaba y le contaba patrañas. ¿Va a estar siempre enamorada de su cháchara? No lo crea tu alma sensata. Su vista se alimenta. ¿Qué gusto va a darle mirar al diablo? Cuando el trato carnal embota el deseo, para volver a inflamarlo y renovar apetitos saciados hace falta una estampa gentil, concierto de edades[13], modales, belleza, de todo lo cual el moro anda escaso. Así que, por falta de tan esenciales condiciones, su exquisita finura se verá engañada, empezará a sentir náuseas, odiará y detestará al moro. Sus propias reacciones la guiarán y llevarán a elegir a otro. Pues bien, sentado todo esto, que es proposición natural y razonable, ¿quién sino Casio es el más inmediato en la escala de esta suerte, un granuja con labia, cuya conciencia no es más que una máscara de cortesía y respeto para satisfacer sus más ocultos instintos carnales? Nadie, nadie. Un granuja retorcido y astuto, buscador de ocasiones, capaz de acuñar y forjar coyunturas, aunque luego no se presente ninguna. Un granuja diabólico. Además, es apuesto, joven, y reúne todas las condiciones que busca el deseo y la inexperiencia. Un granuja irritante, y la moza ya le ha echado el ojo.
RODRIGO