Poesias
Poesias quien tema las sentencias de un anciano
se asustará con un tapiz pintado».
Así es como se emperran en reñir
conciencia helada y tórrido deseo.
Mas él despacha a la razón por fin
y da por buenos malos pensamientos,
matando en un instante y confundiendo
sus buenas intenciones; de esta guisa
concluye que, en verdad, su mancha limpia.
Recita: «Me tomó la mano y, pronta,
buscó noticias en mis ojos ávidos,
temiendo algún percance allí en la tropa
que engrosa Colatino, su adorado.
¡Oh, qué color dio el miedo a sus encantos!
Primero rosas rojas en linón
y luego, sin las rosas, puro albor.
»Su mano, que en la mía estaba presa,
forzó a su carcelera a que temblaran
a dúo, y luego me apretó con fuerza,
temiendo por su esposo; al aliviarla,
ya me soltó y sonrió con tanta gracia
que, viéndola, Narciso, en ese instante,
no habría ahogado su alma por amarse.
»¿Qué tanta excusa, entonces, y matices?
Lo bello acalla todos los discursos.
De flojos es culparse de actos viles:
no anida amor en quien teme lo oscuro.