Poesias
Poesias Mi jefe es la pasión: él manda y cumplo,
pues cuando su estandarte ondea alegre,
el más cobarde lucha y no lo vencen.
»¡Atrás, miedo infantil! ¡Al cuerno, dudas!
Respeto y sensatez son pan de viejos.
Mi corazón con mi ojo no disputa.
De sabios es actuar con juicio y tiento;
de jóvenes, echarlos del proscenio.
Mis ansias al timón, bello el botÃn:
¿quién teme hundirse en un tesoro as�».
Igual que los hierbajos con el trigo,
ahoga la lascivia sus temores.
Ya se aventura, atento y con sigilo,
partido entre recelos e ilusiones
que, como fieles siervos del desorden,
lo tienen tan confuso que no acaba
de optar por la invasión o por la alianza.
Sentada y celestial él la imagina,
y en ese trono a Colatino al lado.
Lo incita y turba el ojo que la mira
y el que lo mira a él, con más recato,
en vez de decantarse por lo falso,
apela honestamente al corazón,
que escoge, ya corrupto, lo peor;
y apela a sus pasiones más rijosas,
que, henchidas por la arenga de su lÃder,
lo engrosan, cual minutos a las horas,