Poesias
Poesias Prefiere creer que viento, guante, puertas
son meros accidentes del camino,
igual que en cada muesca queda en vilo
el tiempo en el reloj: es solo el cupo
que pagan por su avance los minutos.
«Minucias», piensa, «son, que se interponen
tal como en primavera las escarchas
dan más realce a los primeros soles
y el ave helada canta con más ganas.
Lo que es precioso con dolor se paga:
piratas, peñas, sirtes, fuertes vientos
supera el comerciante por dinero».
Ahora está a las puertas de la alcoba
que sellan el acceso a sus pensares;
apenas un pestillo que atesora
la cosa celestial que más le place.
Y su impiedad ha obrado tal dislate
que reza por su presa, como ansiando
que el cielo favorezca su pecado.
Mas en mitad de su oración sin tino,
rogando que el poder eterno ayude
a que ella, bella, acceda a sus designios
y en la hora más propicia lo secunde,
se para: «Si he de desflorarla», aduce,
«y el cielo estos asuntos aborrece,
¿acaso alentará mis intereses?
»¡Que amor y suerte sean mis mentores!