Poesias
Poesias de repeler, sin fruto, la resaca.
Lucrecia, en vista de sus contratiempos,
acude a despertar su frenesÃ:
«Señor, aunando al mÃo tu tormento,
lo aumentas: cuando llueve hay más fluir.
Con tu dolor, el mÃo no ve el fin.
Que baste entonces un naufragio solo
y que zozobre un solo par de ojos.
»Y por amor a quien te tuvo en vilo,
a aquella, tu Lucrecia amada, atiende:
has de vengarte ya de tu enemigo,
el tuyo, el mÃo, el suyo y defenderme
asà de lo ocurrido. Lo que hicieres
ya llega tarde. Mas que el traidor muera,
pues la clemencia más maldad procrea.
»Mas antes de decir cuál es su nombre,
oh, nobles», dijo al resto del cortejo,
«jurad por vuestro honor y vuestros dioses
venganza contra aquel que usó mi cuerpo,
pues es un acto digno de respeto
ir a vengar con armas la injusticia.
Curad, oh caballeros, mis heridas».
A su pedido, con noble premura,
uno tras otro se juramentaron
a dar, caballerosamente, ayuda,
ansiosos por saber quién fue el bastardo.
Mas ella, que aún no habÃa terminado