Poesias
Poesias »Juremos por el Capitolio amado
y por la casta sangre mancillada,
por ese sol que nutre nuestros campos,
y por la ley que a todos nos ampara,
y por Lucrecia y su valiente alma,
y este puñal con que sangró su ser,
que vengaremos a esta esposa fiel».
Y dicho así, posó en su pecho el puño
y un beso dio al puñal como su sello,
y todos acudieron al segundo,
pues con su arenga estaban en acuerdo.
Hincaron las rodillas en el suelo
y Bruto repitió la invocación,
que todos prometieron con honor.
Y tras jurar esta cabal sentencia,
se decidieron a llevar a Roma
el cuerpo de Lucrecia a hacer la afrenta
del vil Tarquinio pública y notoria.
Y tras hacerlo así sin más demora,
el pueblo en Roma dio su veredicto,
que fue el destierro eterno de Tarquinio.
