Poesias
Poesias Que el ave de cantar más alto,
allá en el solo árbol árabe
clarÃn sea y heraldo grave:
a cuyo son plieguen alas los castos.
Pero tú, emisario estridente,
nuncio perverso del maligno,
del ardor muerto adivino,
a esta banda no te acerques.
De esta sesión queda interdicha
toda ave de tirana ala
salvo ese rey de pluma el águila,
pues las exequias son estrictas.
Ya el sacerdote con su alba,
que música mortuoria puede,
sea el cisne adivino de la muerte,
asà el réquiem derecho gana.
Y tú cuervo de triple edad
que creas tu progenie en sable,
con el hálito que entra y sale,
allá con los dolientes vas.
Aquà la antÃfona comienza,
amor con su constancia ha muerto,
fénix y tórtolo se fueron
en mutua llama de la tierra.
Se amaron como se aman dos,
teniendo esencia solo una,
distintos, división ninguna,