Poesias
Poesias si él no le da una tregua a tanta lluvia
de lágrimas que mojan sus cabellos,
y salda su gran deuda con un beso.
Él, ante la promesa, alzó el mentón
cual ánade que emerge entre las olas
y, al verse visto, ya se zambulló;
le ofrece darle aquello que ella añora
mas, cuando ya sus labios preparaba,
los ojos cierra él y el labio aparta.
Jamás en la canícula un viajero
sufrió de sed como ella ante su finta:
¡ver el remedio y no poder tenerlo,
bañarse en agua y ser candela viva!
«Piedad», rogó, «muchacho desalmado.
un beso pido, ¿qué te cuesta darlo?
»Me ha cortejado, igual que yo ahora a ti,
incluso el fiero y cruel dios de la guerra,
que en lucha nunca dobla la cerviz
y vence donde vaya y donde quiera.
Mas fue mi esclavo y manso me pedía
aquello que tendrás sin que lo pidas.
ȃl en mi altar depuso su alabarda,
su fiel escudo, su invencible yelmo,
y tuvo que aprender bailes y chanzas,
festejos, galanteos y otros juegos,
burlarse del tambor, la roja enseña;
se escudó en mí y mi lecho fue su tienda.