Poesias
Poesias Como águila certera por el hambre
que en plumas, carne, huesos hunde el pico,
batiendo alas para apresurarse
pues llena el buche pronto o marra el tiro,
pestañas, sien, mentón ella le besa
y allí donde termina, recomienza.
Forzado a contentar, no a obedecer,
él yace y, al jadear, le echa en la cara
su aliento, que ella engulle y dice de él
que es aire celestial, vapor de gracia:
quisiera dos jardines por mejillas,
regadas por el vaho que él suspira.
Cual pájaro atrapado entre las redes,
así se encuentra Adonis en sus brazos;
y cuanto, en su pudor, más se revuelve,
más bellos son sus ojos desairados:
si llueve cuando el cauce está crecido,
por fuerza se va a desbordar el río.
Y aunque ella insiste, insiste en sus lindezas,
a tono de sus lindas orejitas,
él sigue arisco y hosco y no se entrega,
purpúreo de vergüenza y blanco de ira;
más rojo es como más lo adora y tanto
o más aún lo adora si está blanco.
Él no, pero ella solo puede amar
y, con mano inmortal de diosa, jura
que de su pecho suave no se irá