Ricardo II
Ricardo II Ni tus dulces frutas, a sus gulas
Den satisfacción. Tarántulas
Extraigan de tu ceno sus venenos,
Y sapos espantosos a su paso,
Salten a escupir en su regazo.
Ortigas desuellen sus dos manos,
Y cuando, de tus floridos llanos,
Quieran arrancar una violeta,
De vÃbora, veloz como saeta,
El tósigo, les clave su lengüeta.
No os riáis del ridÃculo conjuro,
Pues Tierra y rocas, os auguro,
Valientes, contra mis oponentes,
Saldrán al campo, combatientes,
Y han de defenderme por seguro,
De su rey, como un gigante muro.
OBISPO DE CARLISLE
No temáis, mi rey: aquella mano,
La fuerza que te hizo soberano,
Ha de mantenerte en el poder;
Te dará medios a oponer,
Mas hay que ese don aprovechar,
No dádivas de Dios, desperdiciar,
Que son socorro y salvamento.
AUMERLE