Romances
Romances TROILO Oíd, que os llaman. Así, dicen, el Genio
«ven», grita a aquel que entonces morir debe.
Rogadles sean pacientes; pronto habrá de ir ella.
PÁNDARO ¿Dónde están mis lágrimas, lluvia, para calmar este viento? Que si no saltará de raíz mi corazón.
Sale PÁNDARO.
CRÉSIDA ¿Debo, pues, irme con los griegos?
TROILO No hay más remedio.
CRÉSIDA ¡Oh, lastimosa Crésida entre griegos alegres!
¿Cuándo nos veremos de nuevo?
TROILO Escúchame, mi amor. Tu corazón sea firme…
CRÉSIDA ¡Cómo, pues! ¿Firme? ¿Qué opinión mala es esa?
TROILO No; blandamente de la reconvención usemos,
pues que nos despedimos.
Al decir «firme», no es que de ti recele,
que hasta a la misma muerte arrojaría el guante
en reto de que es tu corazón sin mancha;
pero «sé firme», digo, por comienzo
de lo que luego añado; tú sé firme,
que entonces he de verte.
CRÉSIDA ¡Oh, señor! Correréis peligros
infinitos e inminentes. Mas seré firme.