Romances
Romances ESCENA I
Una calle de Marsella.
Entran HELENA, la VIUDA y DIANA,
con dos acompañantes.
HELENA Aunque esta desmesurada prisa día y noche debe consumir vuestro ánimo, no podemos remediarlo. Pero pues que habéis hecho iguales los días y las noches gastando vuestros delicados miembros en mis asuntos, animaos a contar con que habéis crecido tanto en mi agradecimiento que nada os podrá desarraigar.
Entra un CABALLERO halconero.
¡En dichoso momento! Este hombre puede ayudarme a hacerme oír de su majestad si quiere aplicar su poder. Señor, Dios os proteja.
CABALLERO Y a vos.
HELENA Señor, os he visto en la corte de Francia.
CABALLERO He estado allí alguna vez.
HELENA Supongo, señor, que no habéis caído del prestigio que acompaña a vuestra valía, y, por tanto, animada por muy duros azares, que hacen prescindir de las maneras escrupulosas, os ruego que uséis de vuestra valía, por lo que os quedaré siempre agradecida.
CABALLERO ¿Qué deseáis?
HELENA Que tengáis a bien entregar al rey esta humilde petición, y ayudarme, con la reserva de poder que tengáis, a llegar a su presencia.
CABALLERO El rey no está aquí.
