Romances
Romances REY Ofende nuestros oídos; ¡a la cárcel con ella!
DIANA Buena madre, saca mi fianza.
Sale la VIUDA.
Esperad, real señor; se ha ido a buscar al joyero dueño del anillo, y él será mi fiador. En cuanto a este señor, que me ha ofendido, como sabe él mismo, aquí le doy por absuelto. Él sabe que ha infamado mi lecho y que en esa ocasión ha hecho concebir a su mujer: aunque esté muerta, siente el niñito darle golpes. De modo que aquí está mi enigma: Una que ha muerto está viva. Y ahora mirad la solución.
Entran HELENA y la VIUDA.
REY ¿No es un exorcista quien engaña el fiel deber de mis ojos? ¿Es de verdad lo que veo?
HELENA Mi buen señor, es solo la sombra de una esposa lo que veis: el nombre, no la cosa.
BERTRÁN Las dos cosas, oh, perdón.
HELENA Ah, mi buen señor, cuando yo me parecía a esta doncella, os encontraba prodigiosamente cariñoso. Aquí está vuestro anillo, y mirad, aquí está vuestra carta, que dice: «Cuando puedas obtener este anillo de mi dedo, y tengas un hijo mío, etc.» Hecho esto, ¿quieres ser mío ahora que estás doblemente ganado?
BERTRÁN Si ella, majestad, puede hacerlo saber con claridad, la querré mucho y siempre, mucho.