Romances
Romances Me envía, en efecto, con un mensaje para el príncipe Pericles.
Pero puesto que al desembarcar me han informado
que vuestro señor se había marchado con rumbo incierto,
llevaré el mensaje de regreso a su lugar de origen.
HELICANO Nuestro deseo no es otro,
pues va dirigido a nuestro amo, no a nosotros.
Mas antes de partir permitiréis que, como amigos
de Antíoco, os agasajemos aquí, en Tiro.
Entran CLEÓN, gobernador de Tarso, con su esposa DIONISA y comitiva.
CLEÓN Dionisa mía, ¿queréis hacer un alto
y ver si hablar de las desgracias ajenas
nos enseña a no pensar en nuestras penas?
DIONISA Sería avivar un fuego con la ilusión de ahogarlo.
Aquel que quita tierra a una colina por su alzada,
derriba una montaña y eleva otra más alta.
Oh, esposo desdichado, así son los pesares:
aunque con ojos abatidos los vemos grandes,
si los podamos crecen más, como los árboles.
CLEÓN Ay, Dionisa,
¿a quién le urge comer y no lo dice?
¿Quién puede callar el hambre hasta morirse?
¿Cómo evitar que nuestra lengua implore,
