Romances
Romances que se oigan nuestras quejas y nuestros ojos lloren
sin más respiro que el que exigen los pulmones?
Si el cielo duerme mientras sufren sus criaturas,
habremos de clamar a gritos por su ayuda.
Veréis: llevamos tantos años de quebranto
que, falto de aliento, me apoyaré en el llanto.
DIONISA Como os parezca, mi señor.
CLEÓN Esta ciudad de Tarso, cuyo gobierno ostento,
recibía bienes de muchos a manos llenas
y en las calles se agolpaban sus riquezas.
Tenía torres tan altas que besaban el cielo
y no había forastero indiferente a ella.
Sus hombres y mujeres iban tan peripuestos
que eran como espejos para su mutuo arreglo.
Sus mesas alegraban la vista de tan cargadas
y sus manjares más que alimentar, deleitaban.
Reíamos de la pobreza y, orgullosos,
decir ayuda nos resultaba odioso.
DIONISA Oh, cuánta razón tenéis.
CLEÓN Pero ved lo que el cielo obra en un cambio:
estas bocas, que hace poco la tierra y el mar
y el cielo no daban abasto para contentar
pese a ofrecer sus frutos en abundancia,
ahora, como las casas que el desuso arruina,
se están muriendo de hambre por falta de rutina.