Romances
Romances PRIMER PESCADOR Ah, señor, las cosas sean como puedan ser; y lo que un hombre no tenga, legítimo es que lo obtenga por el alma de su esposa.
Entran los PESCADORES SEGUNDO y TERCERO,
recogiendo una red.
SEGUNDO PESCADOR ¡Ayuda, patrón, ayuda! Aquí hay un pez prendido en la red como los derechos de un hombre en la ley: costará mucho liberarlo. (Antes de que llegue la ayuda, sale la presa.) Ah, mal rayo lo parta, por fin ha salido y, ¿qué resulta ser? Una armadura herrumbrosa.
PERICLES ¡Una armadura, amigos! Dejadme verla, os ruego.
Gracias, Fortuna, por compensarme de algún modo
después de todos los reveses que me has dado.
Aunque esto ya era mío, pertenecía a la herencia
que mi finado padre, en su lecho mortuorio,
puso en mis manos con este estricto encargo:
«Consérvala, Pericles; ha sido fiel escudo
entre la muerte y yo». Y señaló este brazal:
«Consérvala, pues me ha salvado, y si te ves,
los dioses no lo quieran, en similar apuro,
también te salvará». La guardé con cariño
hasta que el torvo mar, que no hace distinciones,
la arrebató con furia y ahora la trae en calma.
Te doy las gracias. Pues el naufragio es menos grave