Romances
Romances a ser coronado. En esto llega
a Pentápolis la buena nueva
que alboroza a toda la región
y eleva este unánime clamor:
«¿Quién podía haber soñado siquiera
que nuestro heredero un monarca era?».
En fin: Pericles a Tiro ha de partir
y, aunque preñada, la reina quiere ir
con él. ¿Hay alguien que lo impida?
Soslayemos el dolor de la partida.
Thaisa embarca consigo a la nodriza.
Magnánimo, Neptuno las olas riza
y cuando ya la quilla ha hecho medio camino
la diosa Fortuna invierte sus destinos;
el fiero norte, soplando sin parar,
levanta tan terrible tempestad
que, cual pato que, perdido, se sumerge,
la nave ora se hunde, ora emerge.
La dama grita y, ¡ay!, su sobresalto
desata en ella la labor del parto;
lo que sucede durante el vendaval
con vuestros ojos lo vais a contemplar.
Ya no diré palabra acerca de esto
pues la actuación se ocupará del resto
con mucha más pericia que mi verbo.
La escena se sitúa, os lo recuerdo,
en cubierta, donde, a merced del mar