Romances
Romances LEONINO Confiad en mí, señora.
DIONISA (A MARINA.) He de dejarte ahora, querida mía.
Camina sin prisa o se te agitará la sangre.
Ya ves, me preocupo por ti.
MARINA Gracias, dulce señora.
Sale DIONISA.
MARINA ¿El viento que sopla es de poniente?
LEONINO Del sudoeste.
MARINA Cuando nací, soplaba viento norte.
LEONINO ¿Ah, sí?
MARINA Según contaba mi nodriza, mi padre jamás
perdió el valor y gritaba: «¡Ánimo, marinos!»
mientras las jarcias llagaban sus manos reales
y, aferrado al palo maestro, hacía frente a un mar
que casi parte la cubierta en dos.
LEONINO ¿Cuándo decís que fue eso?
MARINA El día en que nací.
Nunca hubo olas ni viento más rabiosos.
Una racha voltea del obenque a un marinero
que sube a arriar velas. «¡Ea!», le grita otro,
«¿ya te marchas?», y con destreza saltan juntos,
empapados, de proa a popa. El contramaestre
toca el silbato, grita el capitán, hay confusión…