Romances
Romances ¿Cómo es que mi hija no te acompaña?
No dejes que las penas te desangren:
busca consuelo en mí. ¡Señor, cómo ha marcado
tu rostro este dolor inoportuno!
Ven, dame esas flores. Camina por la orilla
con Leonino; allí la brisa es fresca
y te despeja y abre el apetito. Y tú,
Leonino, coge su brazo y hazle compañía.
MARINA No, os lo ruego. No quiero privaros de vuestro criado.
DIONISA Oh, vamos, vamos.
Yo os quiero a ti y al rey Pericles
como si fuerais de mi sangre. No pasa un día
sin que esperemos a tu padre; y si viniera
y encontrara a nuestra maravilla tan marchita
deploraría los trajines de su viaje
y nos acusaría de haber desatendido
tu salud y beneficio. Ve, te lo ruego,
pasea, y recupera tu alegría; no pierdas
la lozanía que arrebataba las miradas
de viejos y jóvenes. Descuídate de mí:
puedo volver a casa sola.
MARINA De acuerdo, iré,
aunque me faltan ganas para hacerlo.
DIONISA Vamos, vamos, sé que te hará bien.
Pasead por lo menos media hora, Leonino,
y recuerda lo dicho.