Romances
Romances IMOGENIA ¡Ah, cortesía traidora! ¡Qué bien acaricia
esta tirana las heridas que causa!
Amado esposo, fiel a mi deber sagrado
algo temo la furia de mi padre,
mas no lo que pueda acarrearme su cólera.
Debes partir, que yo afrontaré
la saeta constante de sus ojos airados.
La sola idea de volverte a ver, mi bien,
será mi consuelo.
PÓSTUMO ¡Reina y señora mía!
No llores más, o daré razones
para sospechar en mí más ternura
de la que al hombre conviene. Siempre seré
el marido más fiel que jamás dio su palabra.
Iré a Roma, a casa de Filario, amigo
de mi padre, a quien yo solo conozco
por carta. Escríbeme allí, mi reina,
y con los ojos beberé tus palabras
aunque de hiel sea la tinta.
Entra la REINA.
REINA Deprisa, os lo ruego.
Si llegase el rey quién sabe cuánto enfado
caería sobre mí. (Aparte.) A pesar de ello
debo hacerle venir. Nunca soy yo quien le agravia.
Por favores toma mis ultrajes,
y premia mis ofensas con largueza.