Romances
Romances ¡Tocarte, besarte, solo un beso! ¡Rubíes sin par,
qué dulces sois! Su aliento perfuma la alcoba.
Sobre ella inclina la vela su llama,
quiere adivinar entreabriendo sus párpados
las luces veladas por las celosías, de un blanco
y de un azul robados al añil del cielo.
Pero me debo a mi plan… estudiar el cuarto.
De todo lo que alberga tomaré nota.
Escribe en una tablilla.
Estas pinturas y aquellas, allá una ventana,
los ornamentos del lecho, los tapices con tales
figuras y el argumento de las historias.
Ah, pero alguna marca de nacimiento
sería mejor testigo y apoyaría mi relato
más que un millar de insulsos muebles.
Oh, sueño, mono amaestrado de la muerte,
cae sobre ella, que sus sentidos se asemejen
a los de una estatua yaciente en su sepulcro.
Sal, sal. ¡Más complicado que el nudo gordiano!
Le quita el brazalete.
Ya es mío. Testimonio tan sólido, unido a la tarea
interior de la conciencia, enloquecerá a su esposo.