Romances
Romances llevaría ahora en las manos mi cabeza.
BELARIO ¿Qué has hecho?
GUIDERIO Lo sé muy bien: decapitar a un tal Cloten,
hijo de la reina, según decía, que me llamó traidor
y paleto, y que juró que con su propia mano
iba a prendernos, a segar nuestras cabezas
sobre el terreno donde prosperan y a replantarlas
en la ciudad de Lud.
BELARIO Estamos perdidos.
GUIDERIO ¿Por qué, mi buen padre? ¿Qué podemos
perder sino las vidas que juraba arrebatarnos?
La ley no nos protege. ¿Por qué deberíamos
respetarla y tragarnos las amenazas
de cualquier pedazo de carne fanfarrón
que venga dándoselas de juez y de verdugo?
¿Encontrasteis a sus compañeros?
BELARIO No vimos
ni un alma, pero el buen sentido me dice
que algún sirviente debía acompañarle.
Aunque su talante era capricho continuo
y siempre pasaba de lo malo a lo peor,
ningún frenesí, ningún delirio insensato
hubiera podido traerle hasta aquí a solas.
Quizá oyese en la corte que vivíamos
en una cueva y cazábamos sin sujeción