Romances
Romances IMOGENIA (Despertándose.)
Decidme, señor, ¿cómo se llega a Milford?
¿Por ese bosque? Gracias. ¿Queda muy lejos?
Dios santo, ¿seis millas todavía? He caminado
toda la noche. Me acostaré para dormir.
Ve el cadáver.
¡Pero cuidado, sin compañeros de cama!
¡Dioses y diosas! Si estas flores son los goces
del mundo, la sangre de este hombre
serán sus pesares. Espero estar soñando,
igual que creía ser la guardiana
de una cueva y preparar la comida
de gentes honestas. Mas no era cierto.
Fue un dardo de humo lanzado al humo,
hijo de los vapores de la mente.
Los ojos como la razón pueden cegarse.
Por mi fe que aún estoy temblando.
¡Cielos, si guardáis una gota de piedad,
mínima como el ojo de un reyezuelo,
derramadla! El sueño continúa. Ya desperté,
mas dentro y fuera de mí aún lo siento.
No imaginado, bien palpable. ¿Un hombre sin cabeza?
¿Con las ropas de Póstumo? Conozco la forma
de su pierna. Esta es su mano, su pie de Mercurio,
su muslo de Marte, los músculos de Hércules.