Romances
Romances Entra el CARCELERO
con EMILIA.
PAULINA Ah, mi amiga,
¿cómo está nuestra graciosa señora?
EMILIA Tan bien como podría estar una mujer
tan venerable y desvalida. A causa de penas
y disgustos como nunca sufrió una dama sensible,
ha dado a luz de forma un poco prematura.
PAULINA ¿Es un varón?
EMILIA Una niña, y viera usted qué hermosa.
Llena de vida y de vigor. A nuestra reina
le da un gran consuelo mirarla. «Mi pobre prisionera»,
dice, «yo soy tan inocente como tú».
PAULINA Eso lo juro. ¡Maldito sea el peligro
de estas chifladuras que le dan al rey!
Tiene que darse cuenta; y lo hará. Es una tarea
que conviene más a una mujer; me ocuparé yo.
Si me pongo melosa, que la lengua se me ampolle
y nunca vuelva a ser instrumento de mi rabia.
Emilia, hazme el favor de decir a la reina
que soy su sirvienta fiel; si se atreve a confiarme
la bebita, se la enseñaré al rey y alzaré
la voz en defensa de ella. No sabemos aún
cuánto puede ablandarse al ver a la criatura.
A veces, cuando fallan las palabras