Romances
Romances PAULINA No se sulfure, señor.
Yo vengo a traerle el sueño. Son gente como ustedes,
que lo rondan como sombras y suspiran
no bien lo oyen gemir inútilmente,
los que alimentan la razón de la vigilia.
Yo traigo palabras ciertas, curativas,
honestas como las más, para purgarlo de ese humor
que no lo deja dormir.
LEONTES ¿Qué es ese alboroto?
PAULINA Ningún alboroto, señor. Una consulta
imprescindible sobre los padrinos
que va a necesitar su alteza.
LEONTES ¿Cómo dices?
¡Fuera con esta impertinente! Antígono,
te ordené que no se me acercara. Sabía
que iba a hacerlo.
ANTÍGONO Le advertí bien, mi señor,
que se guardara de venir si no quería provocar
su disgusto y el mío.
LEONTES ¿Y qué? ¿No puedes dominarla?
PAULINA Puede impedir que mienta. Pero a menos
que haga como usted y me encarcele
por incurrir en honradez, le aseguro
que de dominarme, nada.
ANTÍGONO Ya la ha oído usted mismo.
Cuando lleva las riendas yo la dejo