Romances
Romances Pues de amor toca el arco
a ciervo y cierva de un flechazo,
con punta que atosiga,
y aunque no causa herida,
aguza aún más la llaga.
Lloran los amantes: «Mirad, se mueren».
Mas la herida que matar debía,
torna la muerte en risa,
y el moribundo amor revive;
muriendo un rato, luego ríe,
con gemidos que son gritos alegres.
ELENA Enamorados, a fe, hasta la punta misma de la nariz.
PARIS No come amor, sino palomas; y eso cría sangre ardiente; sangre ardiente engendra ardientes pensamientos; ardientes pensamientos engendran ardientes hazañas, y ardientes hazañas son amor.
PÁNDARO ¿Es esa la ascendencia del amor? ¿Ardiente sangre, ardientes pensamientos y ardientes hazañas? Pues eso son víboras, ¿y es de víboras la ascendencia del amor? Amable señor, ¿quiénes están hoy en el campo?
PARIS Héctor, Deífobo, Eleno, Antenor y toda la galanía de Troya. Me hubiera armado yo, si mi Elena no me lo impidiera. ¿Cómo no fue mi hermano Troilo?
ELENA Pendiente está de algo, y vos lo sabéis todo, señor Pándaro.