Romances
Romances PÁNDARO No, dulcísima reina. Me tarda el oír cómo le ha ido hoy. ¿Os acordaréis de excusar a vuestro hermano?
PARIS Sin falta.
PÁNDARO Que os vaya bien, amable reina.
ELENA Saludad de mi parte a vuestra sobrina.
PÁNDARO Así lo haré, amable reina.
Sale PÁNDARO. Suena la retirada.
PARIS Ya regresan del campo. Al palacio de Príamo vayamos,
a saludar a los guerreros. Dulce Elena, os imploro
que desarméis a Héctor: sus tenaces hebillas,
por vuestros dedos blancos y mágicos tocadas,
deben mejor rendirse que al acerado filo
o a la fuerza de los músculos griegos; así podréis
más que los reyes de las islas: desarmar al gran Héctor?
ELENA Orgullo habrá de sernos, Paris, el servirle;
sí, que lo que por deber de nos reciba,
más palma de hermosura confiere que esta nuestra,
sí, y en brillo nos excede.
PARIS Amiga, sobrepasa mi amor al pensamiento.
Salen.
ESCENA II