Romances
Romances hierve la sangre sonrojando al invierno.
Tiembla en el seto una ropa muy blanca
como al compás del ave que canta.
Si le echo mano me iré a la taberna
a honrar a los dioses de la cerveza.
Canta la alondra, tiralalira;
canta el jilguero y el avefría;
canta la hierba, canta el verano
y con mis chicas yo estoy tumbado.
En otros tiempos yo servía al príncipe Florizel y llevaba traje de terciopelo fino.
Pero tesoro, yo no me quejo.
Mira la luna, cuánto que brilla.
Sigo el camino, suelto un bostezo,
miro a lo alto y ella me guía.
Si al hojalatero
le está permitido
cargar con su hatillo
y cambiar de nido,
yo les anticipo
sin otro motivo
que cuando me apresen
diré de qué vivo.