Romances
Romances y enviando sonrisas a Aquiles de antemano,
con humildad venían, postrados de igual modo
que ante sagrado altar.
AQUILES ¡Cómo! ¿Es que pobre me he vuelto?
Cierto que la grandeza, si decayó en fortuna,
decae con los hombres. Lo que el caído sea,
tan pronto ha de leerlo en los ojos ajenos
como sienta que cae. Tal mariposa, el hombre,
su ala variegada solo muestra en estío,
que el hombre, no por hombre, simplemente,
tiene ningún honor, sino honor por honores
que existen fuera de él, como puestos, riquezas,
premios del accidente tanto como del mérito;
y cuando aquellos caen, siendo resbaladizos,
unos de otros tiran, todos juntos
muriendo en la caída. Pero a mí no me alcanza:
fortuna y yo somos amigos; gozo
en eminente grado lo que antes poseía,
salvo a ojos de esos, quienes tal vez hallaron
algo en mí que desluce el mirar tal riqueza,
como antes solían. Ahí está Ulises;
su lectura interrumpo.
¿Qué hay, Ulises?
ULISES ¿Haber, oh, vástago de Tetis?
AQUILES ¿Qué estáis leyendo?
ULISES Este individuo extraño
dice que el hombre, por altas que sus dotes sean,