Romeo y Julieta
Romeo y Julieta MERCUCIO
Más que un príncipe de gatos, os lo puedo afirmar. ¡Oh! Es el formidable campeón de la cortesía. Se bate como el que modula una canción musical: guarda el compás, la medida, el tono; os observa su pausa de mínima, una, dos, y la tercera en el pecho. Os horada maestramente un botón de seda: un duelista, un duelista, un caballero de la legítima, principal escuela, que en todo funda su honor. Sí, el sempiterno pase, la doble finta, el ¡aah!
BENVOLIO
¿El qué?
MERCUCIO
¡Al diablo esos fatuos ridículos, pretenciosos media lenguas, esos modernos acentuadores de palabras! ¡Por Jesús, una hoja de primera! ¡Una gran talla! ¡Una liebre exquisita!Di, abuelo, ¿no es una cosa deplorable que de tal modo nos veamos afligidos por esos exóticos moscones, esos traficantes de modas nuevas, esos pardonnez-moi,tan aferrados a las formas del día, que no pueden sentarse a gusto en un viejo escabel? ¡Oh! ¡Sus bonjours, sus bonsoirs!
(Entra ROMEO)
BENVOLIO
Ahí viene Romeo, ahí viene Romeo.
MERCUCIO