Sonetos
Sonetos Y el otoño, henchido con el fruto
Engendrado en fecunda primavera
Cual un vientre grávido enviudado.
Pero en tal descendencia sólo he visto
Esperanza de huérfano, zozobra,
Pues eres regocijo del verano
Y sin ti, aun las aves enmudecen.
O cantan con tan lúgubres acentos
Que las hojas se agrisan, temerosas.
Me alejé de ti en la primavera,
Cuando el feraz abril, engalanado,
Infundió tal juventud al mundo
Que aun el grave Saturno retozaba.
Mas ni el canto de aves ni el aroma
De flores coloridas y diversas
De júbilo pudieron embriagarme
O incitarme a arrancarlas de los prados.
No admiré la blancura de los lirios
Ni elogié las encendidas rosas,
Esas dulces figuras deleitables
Que tomaban tu imagen por modelo.
Mas era como invierno, y en tu ausencia
Jugué con ellas como con tu sombra.